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Felices 30

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Celebrar tu vida es celebrar mi propia vida, porque haces que esta tenga sentido.  Celebrarte, que existas, me hace levantar de la cama cada mañana.  Tu sola presencia al lado mío tranquiliza mis tempestades. Por el día te veo con facilidad, incluso con los ojos cerrados. Incluso cuando no estás cerca. Por la noche, te busco a tientas y, cuando te encuentro, todo es mejor.  Te llevas el miedo, y con él, su sinrazón, su parálisis, el olvido de mí misma. Tu amor, hecho palabra, sonrisa, escucha, mirada, abrazo,... me trae de vuelta, descongela y calienta mi alma, como sol de primavera.  Caminando juntos, incluso bajo la tormenta, el horizonte siempre está despejado. De tu mano, solo hay lugar para la esperanza.  Quiero hacerte feliz y cuidarte cada día de mi vida. Este es mi anhelo más hondo. Este es mi proyecto. Esta es la fuerza inagotable que late dentro de mí y me devuelve a la vida. Es la vida misma. Eres mi vida.  Qué bendición este amor nuestro que vie...

Memorias de un aislamiento creativo (4)

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11 de abril de 2020 Desde la azotea de casa; 11 de abril de 2020 Seguimos de retiro en casa. Ya van cuatro semanas aquí. Y el mundo gira ante nuestros ojos, aunque parezca que todo se ha detenido allí afuera. Aunque nos invada una quietud absoluta. Pero la quietud es solo aparente. La vida se abre paso. Es imparable. De pronto, suena mi teléfono: mi compañera ha sido mamá. La vida sigue adelante. Lo noto por la brisa que acaricia mi pelo al abrir la ventana. O por las gotas de agua que, de repente, mojan mi cara. Cierro la ventana. Este sol, esta lluvia intermitente y, sobre todo, nuestra huida del mundo, van a hacer resucitar la naturaleza. La primavera se ha instalado. Y, con ella, un vaivén climatológico. Durante el día, huele cálido. Por las noches refresca y apetece ponerse una sudadera encima del pijama. Me encanta el atuendo que he elegido para esta época que será épica y que contaremos a nuestros hijos: pelo alborotado, ropa cómoda y mis gafas de pasta de toda la v...

Memorias de un aislamiento creativo (3)

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4 de abril de 2020 Cerro Muriano; 7 de marzo de 2020 Tercer sábado de retiro en casa. No me gusta ya hablar de confinamiento. Porque no me siento encerrada ni enclaustrada. Porque no me han impuesto ningún castigo o maldición. Porque se me ha dado la oportunidad de hacer un alto en el camino. Y lo importante, por fin, se ha impuesto a lo urgente. Hoy al mediodía, cuando sacábamos el pollo del horno, escuchábamos de lejos al presidente hacer público algo que ya era un secreto a voces: se amplía el estado de alarma hasta, por lo menos, el 25 de abril. He pensado en mi hermano, y en las ganas que tengo de abrazarlo. He pensado en mi abuela, y en las ganas que tengo de pasear con ella por el campo viendo florecer la primavera. He pensado en mi prima pequeña, y en las ganas que tengo de ver cuánto ha crecido. He pensado en mis amigos, y en las ganas que tengo de tomarme un café con ellos al sol. He pensado en mis compañeras de trabajo, y en las ganas que tengo de volver a t...

Memorias de un aislamiento creativo (2)

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28 de marzo de 2020 Paris; febrero de 2020 Segunda semana del estado de alarma en España. Hoy es sábado. El segundo sábado de confinamiento . He escuchado decir que, en este encierro, cada día es igual al anterior. Me he propuesto romper esa tendencia. Me he prometido a mí misma que cada día tendrá algo de diferente, algo de especial. Antes de irme a la cama, trataré de hacer repaso mental y dejaré que mis sueños se recreen en lo que más me haya gustado del día. Lo que sucede es que hoy el repaso mental lo he adelantado. Porque lo que hace que mis sábados sean diferentes es precisamente esto que estoy haciendo en este instante: sentarme a solas, con música de fondo –eso siempre–, para rebuscar en mi interior, poner en orden mis sentimientos y convertirlos en palabras. También he escuchado decir que, en estos días de desesperanza, intentemos poner al servicio de los demás lo mejor de lo que somos, tenemos o sabemos hacer. Por eso, esto es solo un intento. Quizás torpe...

Memorias de un aislamiento creativo (1)

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21 de marzo de 2020 Cádiz; junio de 2019 Mi hermano pequeño ha dejado de ser cuidado a cuidar. A cuidar de él mismo y de tantos. Una reflexión similar a esta hacía mi madre hoy al mediodía, mientras disfrutábamos de su paella de los sábados. Ahora caigo en la cuenta de que justo el sábado pasado se decretaba el estado de alarma en España. Ella, mi madre, es muy de expresar en voz alta todo lo que siente. Y, aunque no lo diga, los que la conocemos bien sabemos lo que piensa solo con mirarla. Pero es que, en esta ocasión, todos estábamos pensando lo mismo: “hoy no sabe igual porque no está él”. Mi hermano nació sólo dieciséis meses después de mí. A pesar de la escasa diferencia de edad, a él siempre se le ha dado muy bien dejarse cuidar. Y a nosotros, a mi padre, a mi madre y a mí, siempre se nos ha dado muy bien cuidarlo. Y, qué casualidad, –o quizás no–, ha decidido dedicar su vida a la profesión del cuidado por excelencia. Mi hermano es médico. En mayo de 2019, ...

Un verano en Ardisana

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La luz entra y lo empapa todo. Todo lo descubre.  Una gama de verdes inimaginables.  Vacas pastando a sus anchas. Y cencerros que se convierten en el único y mejor despertador que quiero escuchar en todo el mes de agosto.  Gatos perezosos, tumbados al calor de una carretera todavía húmeda por las lluvias que nunca se van del todo.  Caminos encantados en los que te asaltan los robles, los sauces, las margaritas y las amapolas. Y, al caer la noche, hasta las luciérnagas.  Hortensias de color lila, rosa y blanco, como complemento perfecto de toda vivienda típica.  Aire limpio que se cuela por las ventanillas de un coche con cientos de kilómetros -e historias- a cuestas.  Nubes perennes encaramadas a la chepa de una cumbre salpicada de cabras y caballos percherones.  Pueblos con nombres que da igual como se escriban. Aquí siempre terminan en "u".  Ropa tendida al frescor de una brisa que, desde lejos, huele a ...

Leyendo África

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Hace poco cumplí 25 años. Y mi hermano tuvo la genial idea de regalarme "África. La vida desnuda", de Alberto Rojas, reportero del diario El Mundo.  Fue mi madre -quién si no- la que aconsejó a mi hermano, la que lo animó a comprármelo. Mi hermano estaba un poco perdido porque, como siempre me dice, "los trastos" ya me van a salir por las orejas.  Mi madre escuchó a Alberto Rojas una mañana en la radio. El periodista presentaba su libro, y hablaba de una de las muchas historias que lo componen: la foto del niño en Ayod (Sudán del Sur), acechado por un buitre, y ganadora del premio Pulitzer en 1994.  Mi madre supo al instante que ese libro tenía que caer en mis manos.  Hay historias que te atrapan con sólo abrir las pastas de cartón que las protegen y envuelven. Con sólo oler sus páginas a estrenar.  Así es la historia narrada por Alberto Rojas: directa desde el principio. Sin rodeos. Dura, estremecedora. Pero de verdad. La verdad no podía fa...