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El título es lo último

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Nada como volver al lugar. Ese lugar que me ha visto poquito a poco crecer, madurar, soñar, reír hasta que duele la tripa, hacer alguna que otra travesura, llorar mucho de felicidad, compartir secretos y charlas hasta la madrugada... Un rincón un poco retirado del estrés diario, de las prisas, de las conversaciones insípidas, de los horarios estrictos, de las agendas repletas de listas de tareas, de relojes cansados de ser programados para no perder el bus. Un rincón muy sencillo. Sencillez que lo hace mágico. Magia con sólo nombrarlo. Y siempre la misma hora del día. Al atardecer. Cuando el sol nos regala sus últimos rayos antes de esconderse. Y siempre con una guitarra de fondo. Con unas lágrimas que caen tímidas, dos manos que se unen, una mirada que se busca. Una sonrisa al cielo de "gracias". Pero no siempre contigo ahí. No siempre contigo compartiendo estas vistas al paraíso que vienen repletas de  sueños, de proyectos compartidos. Estas vistas al paraíso que co...

El mío

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Existen tesoros. Tesoros tímidos. Tesoros que están cerca, pero miramos de reojo, con miedo a que alguien, en ese preciso instante, se cuele en nuestro interior y descubra la belleza de lo que nuestros ojos contemplan. Un tesoro que parece pasar desapercibido. Sí, está. Pero no me corresponde. Es demasiado valioso para alguien como yo, sin duda. Pero, hemos de estar alerta. Puede que, de repente, ese tesoro despliegue la magia de lo que es y nos la muestre, sólo para nosotros. Una magia que transforma cada instante de mi vida, que la hace especial. Que completa y ordena cada rincón que yacía un poco descontrolado y sin sentido. Que despierta y me hace descubrir que había partes de mí que aún no conocía, al menos no de esa forma. Que hace distintos los meses y distintas las horas desde que apareció. Y, sin esperarlo, ese tesoro se convierte en nuestro tesoro. En ese que podríamos reconocer entre un millón de tesoros, porque es único, porque brilla de un modo distinto a...

Sólo media hora

El reloj no cesa. Las agujas parecen no cansarse en ese vaivén continuo. Cientos de planes, proyectos que sobrevuelan la mente. La agenda repleta. Palabras ilegibles de metas irrealizables. Propósitos que no se cumplirán. En algún lugar, alguien se sienta bruscamente sobre un viejo baúl que es su vida. No puede cerrarlo. Se le ha quedado pequeño. Demasiadas realidades inservibles. Se da cuenta. Tarde, siempre unos segundos tarde. Una llamada, ¿un café?. No, aquella reunión poco fructífera y agridulce. Una mirada, ¿un abrazo?. No, mejor no. Dejar a un lado los "sentimentalismos". Detener el tiempo. Sí, sólo media hora. Eso será suficiente antes de...¡Stop! Hay tantas cosas, yo sólo preciso dos. Mi solitario cuaderno de escritos y vos.