El arcoiris de Trump
Vaya colega me he buscado para retomar esta pasión tan "impropia" pero tan propia mía. No tiene suficiente con colarse diariamente hasta en nuestra sopa, sino que también decide, de manera gratuita, hacer su aparición estelar -como suelen ser las suyas- en mis sueños -o, más bien, pesadillas- de verano.
Dicen que sueñas con aquello en lo que piensas por última vez antes de rendirte al cansancio. Juro que mis pensamientos anoche fueron mucho más agradables que lo que pueda parecer -si hacemos caso a este dicho popular- en un principio. Pero, de últimos pensamientos agradables -o no, ya no lo recuerdo- han resultado pensamientos "tempraneros" e inspiradores.
¿De verdad salió corriendo hacia Trump para pintarle la cara con la bandera multicolor?
Pues no lo sé. Podría ser.
¿De verdad ese joven hamburgués logró sortear todos los controles de seguridad de la cumbre del G20, y aproximarse al dirigente del país más poderoso del mundo?
Pues no lo sé. Podría ser.
¿De verdad Trump, ante la ocurrencia de ese valiente, desesperado por hacerse escuchar, rompió a reír a carcajadas, lo abrazó y lo invitó a participar en la inminente reunión que se iba a celebrar, con la presencia de todos los líderes?
No, no. Definitivamente estoy soñando.
Si albergase la más mínima duda de que el presidente de los EE.UU. puede reaccionar así, no me parecería comprensible el comportamiento del joven de Hamburgo. No habría necesidad de alzar la voz para reivindicar la legitimidad del amor que siente hacia su pareja. No habría necesidad de manifestarse por el reconocimiento de unos derechos que ya reconoce la sociedad en su conjunto y, por supuesto, sus representantes.
No, no. Estoy soñando. Estoy soñando y quiero seguir soñando. Porque el que describo no es el mundo en el que vivo, en el que vivimos. Porque el que describo o, mejor dicho, lo que describo, no existe -todavía-.
El mundo en el que vivo y vivimos nos invita a hacer el amor -en todas sus formas, #loveislove- a escondidas, y a llevar la guerra a cualquier parte -desde un grupo de Whatsapp hasta el Parlamento de un país maravilloso, pero sumido en revueltas callejeras entre hermanos-.
Estoy soñando y quiero seguir soñando. Pero bien despierta.

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