Fotogramas
Y es que la vida es lo que tiene. Tan atolondrada y fugaz en algunas ocasiones y en otras, pareciera querer detener el tiempo. Pero sólo se hace la remolona cuando en el objetivo de su cámara...sin apenas quererlo, aparecemos tú y yo tímidamente.
Íbamos hacia allí, pero lo de aquí nos parecía precioso. Caminábamos sin rumbo por lugares que conocemos a la perfección y algo, nos hizo detenernos en un lugar que, claro está, también conocemos a la perfección.
Nos paró la brisa, nos detuvo el sonido del agua que, gracias a la lluvia de aquella temporada, corría grácil y viva bajo un puente que, en aquel preciso instante, soportaba orgulloso, además de sus años, el ir y venir de miles de turistas. Turistas enamorados de esa confusión tan nuestra entre el verano y las flores, entre el abanico y la primavera.
Aquella noche no nos importaba dónde estábamos. Las miradas de nuestro primer día vinieron a nuestros ojos. Las mismas sonrisas, caricias y besos se hicieron dueños del momento y yo ya no sé si éramos italianos, alemanes o franceses.
Mimetizados en ese ambiente de película, nos hicimos eco en los objetivos de los que sí paseaban por allí por primera vez.
Parece que en el conjunto de fotogramas a revelar a la vuelta al lugar de origen, tenían que colarse esos dos jóvenes cordobeses ajenos a todo, pero que llenaban de azahar la estampa.

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