El título es lo último
Nada como volver al lugar. Ese lugar que me ha visto poquito a poco crecer, madurar, soñar, reír hasta que duele la tripa, hacer alguna que otra travesura, llorar mucho de felicidad, compartir secretos y charlas hasta la madrugada...
Un rincón un poco retirado del estrés diario, de las prisas, de las conversaciones insípidas, de los horarios estrictos, de las agendas repletas de listas de tareas, de relojes cansados de ser programados para no perder el bus. Un rincón muy sencillo. Sencillez que lo hace mágico. Magia con sólo nombrarlo.
Y siempre la misma hora del día. Al atardecer. Cuando el sol nos regala sus últimos rayos antes de esconderse.
Y siempre con una guitarra de fondo. Con unas lágrimas que caen tímidas, dos manos que se unen, una mirada que se busca. Una sonrisa al cielo de "gracias".
Pero no siempre contigo ahí. No siempre contigo compartiendo estas vistas al paraíso que vienen repletas de sueños, de proyectos compartidos.
Estas vistas al paraíso que como tantas otras veces vuelven a hacer de las suyas, pero ahora de un modo distinto.
Cierro los ojos. Echo la vista atrás. Trescientos sesenta y cinco días desde que este rincón, que es tuyo y mío, nos hizo un guiño. Cincuenta y dos semanas desde que una mirada distinta hizo que reparásemos el uno en el otro. Ocho mil setecientas sesenta y cinco horas desde que comenzamos una historia que aún no llega al primer capítulo. Y el título es lo último que se escribe.
Ese día, subiré contigo y lo escribiremos allí. No imagino un lugar mejor.
Un rincón un poco retirado del estrés diario, de las prisas, de las conversaciones insípidas, de los horarios estrictos, de las agendas repletas de listas de tareas, de relojes cansados de ser programados para no perder el bus. Un rincón muy sencillo. Sencillez que lo hace mágico. Magia con sólo nombrarlo.
Y siempre la misma hora del día. Al atardecer. Cuando el sol nos regala sus últimos rayos antes de esconderse.
Y siempre con una guitarra de fondo. Con unas lágrimas que caen tímidas, dos manos que se unen, una mirada que se busca. Una sonrisa al cielo de "gracias".
Pero no siempre contigo ahí. No siempre contigo compartiendo estas vistas al paraíso que vienen repletas de sueños, de proyectos compartidos.
Estas vistas al paraíso que como tantas otras veces vuelven a hacer de las suyas, pero ahora de un modo distinto.
Cierro los ojos. Echo la vista atrás. Trescientos sesenta y cinco días desde que este rincón, que es tuyo y mío, nos hizo un guiño. Cincuenta y dos semanas desde que una mirada distinta hizo que reparásemos el uno en el otro. Ocho mil setecientas sesenta y cinco horas desde que comenzamos una historia que aún no llega al primer capítulo. Y el título es lo último que se escribe.
Ese día, subiré contigo y lo escribiremos allí. No imagino un lugar mejor.

Precioso y muy íntimo, gracias por compartirlo.
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