Sólo media hora
El reloj no cesa. Las agujas parecen no cansarse en ese vaivén continuo.
Cientos de planes, proyectos que sobrevuelan la mente. La agenda repleta. Palabras ilegibles de metas irrealizables. Propósitos que no se cumplirán.
En algún lugar, alguien se sienta bruscamente sobre un viejo baúl que es su vida. No puede cerrarlo. Se le ha quedado pequeño. Demasiadas realidades inservibles. Se da cuenta. Tarde, siempre unos segundos tarde.
Una llamada, ¿un café?. No, aquella reunión poco fructífera y agridulce.
Una mirada, ¿un abrazo?. No, mejor no. Dejar a un lado los "sentimentalismos".
Detener el tiempo. Sí, sólo media hora. Eso será suficiente antes de...¡Stop!
Hay tantas cosas, yo sólo preciso dos. Mi solitario cuaderno de escritos y vos.
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