Son sueños

Aquella noche volvió a casa inquieta. El día no había sido muy satisfactorio, pero allí estaba en su cuarto y se sentía diferente a la chica que cogió el bus temprano, cuando las calles comenzaban a encenderse. Sí, definitivamente algo había cambiado en su interior. O al menos eso parecía.

Realmente se sentía afortunada. Le habría parecido muy desagradecido por su parte quejarse de algo que ni siquiera existía. Todo el mundo le decía constantemente lo dichosa que debería sentirse, que lo tenía todo.

Aquella mirada aún continuaba grabada. Esos ojos, esa luz a punto de apagarse. Esa sonrisa ahogada por un insípido villancico que resonaba en unos grandes almacenes. El escalofrío que en ese momento recorrió su desaliñado cuerpo, la estremeció de repente.

Mis sueños se desvanecieron con los suyos. Qué insignificantes eran al lado de ese océano de oportunidades. Ese océano traicionero, ese océano inmenso, ladrón de esperanzas.

Pero ella estaba allí, delante. Su corazón latía de un modo especial, su incertidumbre se tradujo en convicción, en paz, en vida. Respiró, entendió.

Por su mente volaron infinidad de recuerdos, personas, emociones. Amor. Ese día en el campo, en el que, bajo un Sol abrasador, desojaba margaritas, confiada en que saldría que "sí". Esa vuelta a toda prisa en coche, con sus amigas, la música a tope y la expectación en el aire por lo que ocurríria esa noche...

Sueños.Tan diferentes. Felicidad permanente, momentánea.

Quería dejar la rutina a un lado. No sabía cómo. Pero no tenía prisa. Ese confidente inesperado tampoco la tenía.

Bajaba la calle con su bicicleta, casi volaba. Se había hecho tarde. Diciembre había llegado y sus manos, como cada invierno se resentían.

Seguía siendo la misma. Y ella lo sabía.

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