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Mostrando entradas de 2018

Un verano en Ardisana

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La luz entra y lo empapa todo. Todo lo descubre.  Una gama de verdes inimaginables.  Vacas pastando a sus anchas. Y cencerros que se convierten en el único y mejor despertador que quiero escuchar en todo el mes de agosto.  Gatos perezosos, tumbados al calor de una carretera todavía húmeda por las lluvias que nunca se van del todo.  Caminos encantados en los que te asaltan los robles, los sauces, las margaritas y las amapolas. Y, al caer la noche, hasta las luciérnagas.  Hortensias de color lila, rosa y blanco, como complemento perfecto de toda vivienda típica.  Aire limpio que se cuela por las ventanillas de un coche con cientos de kilómetros -e historias- a cuestas.  Nubes perennes encaramadas a la chepa de una cumbre salpicada de cabras y caballos percherones.  Pueblos con nombres que da igual como se escriban. Aquí siempre terminan en "u".  Ropa tendida al frescor de una brisa que, desde lejos, huele a ...

Leyendo África

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Hace poco cumplí 25 años. Y mi hermano tuvo la genial idea de regalarme "África. La vida desnuda", de Alberto Rojas, reportero del diario El Mundo.  Fue mi madre -quién si no- la que aconsejó a mi hermano, la que lo animó a comprármelo. Mi hermano estaba un poco perdido porque, como siempre me dice, "los trastos" ya me van a salir por las orejas.  Mi madre escuchó a Alberto Rojas una mañana en la radio. El periodista presentaba su libro, y hablaba de una de las muchas historias que lo componen: la foto del niño en Ayod (Sudán del Sur), acechado por un buitre, y ganadora del premio Pulitzer en 1994.  Mi madre supo al instante que ese libro tenía que caer en mis manos.  Hay historias que te atrapan con sólo abrir las pastas de cartón que las protegen y envuelven. Con sólo oler sus páginas a estrenar.  Así es la historia narrada por Alberto Rojas: directa desde el principio. Sin rodeos. Dura, estremecedora. Pero de verdad. La verdad no podía fa...

Leyendas urbanas

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Soy maestra de Educación Infantil. Veo algunas caras de sorpresa. Lo imaginaba… Sí. Soy maestra de Educación Infantil. Me gusta que ese sea “mi nombre”. Pero también me encanta “mi apellido”: investigadora.  Compruebo que las caras de sorpresa siguen ahí. Los que os sorprendisteis en un principio habéis contagiado a los que tenéis sentados al lado. Y a mí, no me sorprende.  Ya he librado duras batallas -y no hablo de debates de moción de censura- frente a públicos exigentes. Exigentes, como vosotros, pero también con ganas de que le rompan los esquemas. Con ganas de dejarse transformar. Con ganas de cambiar algunas ideas preconcebidas que traen de casa. Ahora sí que sí. Definitivamente podríamos estar en cualquier lugar del mundo, menos en el Congreso de los Diputados. Pero bueno, volviendo a lo que me trae hasta aquí en esta preciosa mañana… Como podéis comprobar de un vistazo, las maestras de Educación Infantil no llevamos “babi”, o bata, o como quer...

Vamos a querernos más

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Nos pasamos la vida juzgando al que tenemos en frente. Mirándolo por encima del hombro. Echándole la culpa. Condenándolo. Acusándolo.  Nos pasamos la vida comparándonos con el que está peor. Con el que tiene menos. Con el que la caga más con lo que hace, o deja de hacer. Con lo que dice, o deja de decir. O, incluso, con lo que piensa, o deja de pensar. Nos pasamos la vida añorando ser mejores que alguien. En lo que sea. Pero ser mejores. Adelantar. Superar.  Sin embargo, el Reino De Dios es misericordia. Es comprensión. Es perdón. Es amor sin condiciones.  ¿Nos hemos olvidado de cómo nos mira Jesús? ¿Nos hemos olvidado de su corazón compasivo? Dejemos de poner pretextos para no acoger al otro. Dejemos de inventarnos excusas para no querernos como hermanos.  Dios te ama. Dios nos ama.  Tú vales mucho, muchísimo. Pero los que te rodean también son únicos y especiales, como lo eres tú.  Busca el encuentro verdadero con quienes tie...