Seis segundos
Salir en la mañana, al alba, cuando todo está amaneciendo. Desviar el camino, rumbo a la costa. Descalzarse los pies y sentir cómo la arena, fría todavía por el rocío de esa madrugada, se cuela entre los dedos. Avanzar, caminar lento, hacia la orilla, y observar que la mar hoy, tiene un color distinto. Está en calma, y transparente. Los peces parecen seguir su mismo camino y las gaviotas vuelan en la misma dirección que siempre, pero, sin embargo, hoy todo parece diferente. Mojarse hasta los tobillos, tímidamente, y retroceder de un pequeño salto, al descubrir la frescura del agua. Detenerse, para descubrir al Sol asomando su cabeza y cómo bosteza al enseñar sus primeros rayos de luz, que alumbrarán hasta el ocaso. Dirigirse hacia el acantilado, siempre cerca del mar y respirar profundo ese olor a salitre que lo empapa todo. Nadie me acompaña en mi paseo, ni siquiera, hay un loco despistado disfrutando del amanecer o una pareja de jóvenes enamorados que, sentados en su toa...