Son sueños
Aquella noche volvió a casa inquieta. El día no había sido muy satisfactorio, pero allí estaba en su cuarto y se sentía diferente a la chica que cogió el bus temprano, cuando las calles comenzaban a encenderse. Sí, definitivamente algo había cambiado en su interior. O al menos eso parecía. Realmente se sentía afortunada. Le habría parecido muy desagradecido por su parte quejarse de algo que ni siquiera existía. Todo el mundo le decía constantemente lo dichosa que debería sentirse, que lo tenía todo. Aquella mirada aún continuaba grabada. Esos ojos, esa luz a punto de apagarse. Esa sonrisa ahogada por un insípido villancico que resonaba en unos grandes almacenes. El escalofrío que en ese momento recorrió su desaliñado cuerpo, la estremeció de repente. Mis sueños se desvanecieron con los suyos. Qué insignificantes eran al lado de ese océano de oportunidades. Ese océano traicionero, ese océano inmenso, ladrón de esperanzas. Pero ella estaba allí, delante. Su corazón latía...